La perfección te hace una persona lenta

Hace tiempo escuché a una cantante mundialmente conocida decir que si las cosas se podían hacer bien, ¿por qué no hacerlas mejor? Y si se podían hacer mejor, ¿por qué no hacerlas perfectas? Hacía referencia al porqué de la calidad de sus conciertos. Una reflexión con mucho sentido del cambio y la optimización. El problema está en nuestra tendencia natural a hacer las cosas perfectas a la primera.

Pasé dos años en poder sacar a la luz mi academia de YouTube. Lo pude haber hecho en tres meses. Pero no. Decidí que quería que fuera perfecta. Este empeño por la perfección realmente es un maquillaje de nuestras inseguridades. Lo comprendí con el tiempo. Especialmente cuando compré un curso para espiar a la competencia y me fijé en la simplicidad de sus contenidos.

Me había quemado tiempo y dinero contratando a uno de los mejores directores de vídeos que conocía para grabar mis lecciones, cuando la competencia era más eficiente con sus recursos: grababa la pantalla de su ordenador y nos llevaba al terreno técnico directamente con una opción tan barata como lo es “compartir pantalla”. En otros casos hacía dibujos en el iPad para desarrollar sus explicaciones.

Al ver esa simplicidad, decidí sacar mi curso de iniciación basado en ese mismo formato. Lo hice en UNA semana. El resultado: todo un éxito en acogidas y ventas.

De esta experiencia aprendí varias cosas. En primer lugar, que la gente valora la sencillez. En segundo, que en el fondo quería satisfacer a mis propios y falsos miedos de “estafar” a mis usuarios. Y por último, que las personas quieren empezar y terminar una formación lo más rápido y eficazmente posible.

En el capítulo cuatro de mi podcast titulado “La perfección te hace una persona lenta”, pongo el ejemplo de un cliente al que brindo acompañamiento en el área de emprendimiento en formación online. A esta persona le asigné la tarea de escribir el índice de su primer curso de iniciación. A la semana siguiente se apareció con un índice que parecía más el de un doctorado, que a al de un curso para arrancar en su área de conocimiento.

Aquello me abrumó. Yo, que incluso quería tomar su curso, vi aquello súper engorroso. Además me recordaba a mi propia experiencia. ¿Realmente harían falta técnicas tan complejas y puristas para lograr resultados prácticos con ese curso? La respuesta obviamente era que no.

Mi cliente había levantado aquella muralla para “protegerse” de ¿la competencia?, mientras la competencia estaba en lo suyo, sin siquiera saber, en ese punto, que mi cliente existía. En realidad era pura inseguridad. Era puro síndrome del impostor.

Es sano que suceda

Pero está bien que pase. Es humano. Más bien, humanísimo. Debemos permitirnos que sucedan estas cosas. Sin embargo, lo más sano para ganar madurez en nuestros emprendimientos, es detectar estas conductas, con el fin de poder tomar atajos más simples, y sobre todo, eficientes, productivos. Además, no hará sentir maduros y tranquilos.

Te invito hoy a mirar tu proyecto y a pensar primeramente en las necesidades tu usuario: ¿Realmente necesitará todo tan complejo? Y si la respuesta es que sí, tal vez toca plantearte la manera más “masticada” de darle esa complejidad. Si la respuesta es no, lo mejor es poner en la basura el relleno y lo sobrante. Créeme, tu usuario lo agradecerá.

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“Progress, no perfection”

Por Ricardo Miranda

Por Ricardo Miranda

@popinteractivo · Creador de la academia de YouTube, especialista en innovación, periodismo, marketing digital, locución, producción y realización de vídeos

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